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Sanciones y lecciones

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Vamos a ver: pretenden hacernos creer que la humanidad entera, a excepción de esos modelos de democracia y libertad que son Nicaragua, Bolivia, China y Rusia, se han puesto en nuestra contra. El planeta Tierra entero, representado por la ONU, la OEA y la Unión Europea, no soporta nuestros logros, nuestros evidentes éxitos en todos los terrenos de eso que se llama construir una nación próspera. Pretenden hacernos creer también que las sanciones son contra el pueblo de Venezuela, cuando las mismas son por violación a los derechos humanos, corrupción y otros delitos de diversa naturaleza realizados por personas sancionadas con nombre y apellido. Las sanciones económicas, que son las que verdaderamente podrían afectar a la gente, son inútiles ya: Venezuela ha destruido su propia economía. Según el régimen, pues, estas sanciones esconden la profunda envidia que nos tienen. Venezuela sería -según los voceros oficiales- la democracia más perfecta del mundo y nosotros t...

Las Verdades de Miguel – 668

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MI COMENTARIO DE LA SEMANA . Desde 1973, tras Carlos Andrés Pérez someterse a las directrices del consultor electoral Joseph Napolitan, las elecciones venezolanas han sido manejadas por expertos extranjeros, partiendo más del márketing que de la ideología; contradictoriamente, acciones opuestas entre sí. Napolitan dejó sentado el siguiente axioma: Cada campaña es diferente, cada campaña es la misma . En realidad, son distintas porque cambian las circunstancias del poder y son las mismas porque el interés siempre será persuadir al elector por quién debe votar. De tal manera que, cada vez más circunscritas a la propaganda de cómo vender un producto, las campañas se traducen en el márketing (un concepto inglés, traducido al castellano como mercadeo o mercadotecnia; es decir, análisis del comportamiento de los mercados y de los consumidores). Como en cualquier mercado capitalista, el candidato es un producto (el cual debe vestirse y conducirse a como indiquen los propagan...

Demente

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Jorge Luis Borges amaba las etimologías, tanto que, en un verso de su poema “Los Justos”, enumera entre las actividades encomiables de un ser humano: “El que descubre con placer una etimología”. Esta semana me vino -no sé por qué- la palabra “demente” a la cabeza, aunque haya en  esto cierta redundancia. Según el diccionario etimológico, viene del latín “dementis” y significa “el que se sale de su mente”. Sus componentes léxicos son: el prefijo “de”- (dirección de arriba a abajo, alejamiento, privación) y “mens, mentis” (mente). Ahora bien, en la etimología de la palabra, tanto como en la expresión sinónima de “perder la razón”,  se alude a una persona que sale de la normalidad de su raciocinio o que pierde una lucidez que alguna vez tuvo. En ambos casos, hay una ruptura de una linealidad. Sin embargo, la palabra en cuestión, que denota lo que en lenguaje popular llamamos locura, no logra explicar aquellos casos en los cuales nunca existió lucidez. Me explico...