Autocines de Caracas, cuando éramos felices
En una ciudad de la que ya no queda casi rastro existieron terrenos en los que se elevaron las pantallas del séptimo arte. Con la posibilidad de comer y beber a gusto, de disfrutar de los amigos y el amor, ajenos a una inseguridad que aún no carcomía la dinámica social, el cinemóvil fue vivir abiertamente la nocturnidad E n la unión entre la Avenida Francisco de Miranda y la principal de Los Ruices existe un depósito de camiones de Empresas Polar. Pero hace 40 años hubo allí un autocine, a donde Bernardo Rotundo quiso ir con sus amigos para ver películas XXX. El ahora presidente del Circuito Gran Cine apenas llegaba a los 12 años, no tenía ni el carro ni la edad para ser espectador de aquellas historias. Pero, como para satisfacer la curiosidad no hay imposibles, caminó, con un grupo de coetáneos, desde La California Norte bordeando la quebradita hasta llegar al Autocine del Este. Allí se subió a una mata de mango y se aferró bien para no caer. Bautizaron el lugar como “cine matica...
